-¡Tonterías!¡Son puras tonterías!-Chillaba el potrillo. Su madre sólo se reía, ¿Qué más podía hacer? Movió su cola divertida y de un lametazo calló a su hijo.
-Ya verás...Algún día te tocará y ahí te quiero ver...¡Ay mamá que ella es así, que me hace volar, soy muy feliz y bla bla bla!- El pequeño resopló disgustado.
-¡Pero qué cosas dices mamá! ¡Yo no entraré en esas cosas! ¡Yo seré libre! ¡Libre como el viento que me acaricia! ¡E iré por todo el mundo a donde mis patas me lleven como...como...como una gota de lluvia!¡Sí! ¡Solo y feliz! ¿Por qué no lo entiendes...?-Musitó.
-A ver mi hijo, yo sí te entiendo, tú eres el que se niega a creer en lo que digo-Le acomodó su crin cariñosamente.
-Es que tú me metes el cuento que viviré con una yegua y que sería mi vida y lo que sigue...-
La madre suspiró: ¡Cuántas veces había tenido esta charla con todos sus hijos! Pero aspiró un poco de paciencia y dijo acarameladamente:
-Ay mi chiquitín...verás que tener ese tipo de compañía hará tu vida más alegre. No todos tienen esa suerte. Hay otros que les va bien sólo amigos, la naturaleza o ellos mismos...Pero encontrar tu otro pedazo, hallar a una yegua que al verla te llenes de gracia, tu corazón se acelere y no puedas evitar sentirte tan pero tan bien...Es un suceso casi extraordinario si no fuera natural-El pequeño iba a burlarse si no fuera porque al fijar los ojos en los de ella encontró una profunda tristeza. Su corazoncito tembló de dolor y sin esperar más entrelazaron sus cuellos.
Lloraron en silencio.
-No fue mi intención mamá-
-No hay culpa hijo mío, sólo no olvides que te quiero y te deseo lo mejor-
-Gracias mamá, aunque no lo merezco-
-¡Oh mi amor! ¡Tú mereces todo!-Y dejaron que sus almas de caballo lloraran por el ausente que en ese momento se le necesitaba más que nunca.
................................................
-Bellísimo se siente la vida,
mas divino a tu lado amada mía.
-Dulce se percibe la muerte,
¡Siempre y cuando te recuerde!
-Cantar de Caballos fuertes...
Miró a su alrededor excitado: ¡¿De quién era esa voz melodiosa?! Y más aún: ¿Cómo sabía esos versos? Mas buscaba y buscaba y no encontraba. Se dejó caer en los rubios pastos y cerró los ojos, resignado.
El potrillo era ahora un caballo. Uno muy bello, hábil y grande. Lo mejor de todo era que conservaba su inocencia con la que todo ser nace.
Todavía sus ojos brillaban como estrellitas reflejadas en un lago de dulzura.
-Amigo viento, ¿Qué estás haciendo jaja? ¡Me haces cosquillas hermano!- Se reía el jovencito.
Cuando abrió los ojos se encontró con un ángel.
Era un ángel convertido en yegua. Y como la muerte se lleva las almas, ella le robó su aliento.
Silencio.
Sus miradas se convirtieron en palabras. Los gestos en caricias de amor eterno.
¡De la forma más inesperada se conocieron!
Y con solo verse supieron,
Que estaban hechos para amarse.
Él sonreía: ¡Qué bien que mi madre aceptó!
Ella suspiró: ¡Qué tal perfección!
Pero los humanos no entienden no, que los caballos también desean y aman. Tampoco les importa así que, sin remordimientos, vendieron a la yegua y condenaron al caballo a trabajar en un molino viejo.
-Papá, ¿Por qué está llorando el caballo?
-No está llorando hijo, es la lluvia que parece lágrimas-
-Mi abuela me dijo que así es cuando Diosito rompe en llanto-
-Hijo...dios no existe-
El niño bajó la mirada, acongojado.
................................................
He perdido la noción del tiempo.
He perdido la luz del día y la frescura de la noche.
He perdido recuerdos y deseos.
Sólo en mí se mantiene algo de pie, aunque marchito.
No sé cómo ella ha sobrevivido.
Y no sé por qué me aferro a esa esperanza de verla.
Creo que eso me mantiene vivo.
Es una pena, pues nunca más podré sentir su respiración.
Ni escuchar su voz, ni sus alegres relinchos.
Ni tampoco podré suspirar como sólo ella me hacía soltar.
Ese goce que mi corazón amaba, no lo experimentará más.
Porque tú estás allá y yo acá.
Seguro muriéndonos. Pues sólo unidos podemos vivir.
Estoy forzado a dar vueltas sin descansar.
Me obligan a no ser yo, yegua mía.
Sólo te veo en mis sueños.
¿Pero sabes? Sigo de pie por ti.
No tengo absolutamente nada. Y sólo conservo un simple anhelo.
Ay madre...cómo te extraño. Me gustaría tenerte a mi lado y entrelazar mi cuello con el tuyo. Escucharte y hacerte feliz.
Ahora debes de estar muy triste, porque tú, viviendo entre las estrellas no puedes verme.
¡Todo el maldito momento en este lugar!
¡Yo quiero correr! ¡jugar! ¡ser feliz y disfrutar lo que se me permita!
Es demasiado. Estoy sucio...feo y viejo...maltratado y con heridas...
Caigo.
¿Así he de terminar? Escucho pasos, murmullos...
¿Que? ¿ Por qué me miran? ¡Como si en serio les sorprendiera!
¡Aquí estoy! ¡Vengan! ¡Así! ¡Vengan y acaben conmigo de una vez!
¡Si fácil fue con mis sueños, mi juventud; entonces deshacerte de este caballo insignificante es pan comido!
¡Muy bien! ¡Terminen con lo que empezaron!
Terminen...con lo que empezaron...
Estoy muriendo.
Los humanos arrojaron el cuerpo de un caballo a la basura.
Fueron en busca de su reemplazo.
He perdido la luz del día y la frescura de la noche.
He perdido recuerdos y deseos.
Sólo en mí se mantiene algo de pie, aunque marchito.
No sé cómo ella ha sobrevivido.
Y no sé por qué me aferro a esa esperanza de verla.
Creo que eso me mantiene vivo.
Es una pena, pues nunca más podré sentir su respiración.
Ni escuchar su voz, ni sus alegres relinchos.
Ni tampoco podré suspirar como sólo ella me hacía soltar.
Ese goce que mi corazón amaba, no lo experimentará más.
Porque tú estás allá y yo acá.
Seguro muriéndonos. Pues sólo unidos podemos vivir.
Estoy forzado a dar vueltas sin descansar.
Me obligan a no ser yo, yegua mía.
Sólo te veo en mis sueños.
¿Pero sabes? Sigo de pie por ti.
No tengo absolutamente nada. Y sólo conservo un simple anhelo.
Ay madre...cómo te extraño. Me gustaría tenerte a mi lado y entrelazar mi cuello con el tuyo. Escucharte y hacerte feliz.
Ahora debes de estar muy triste, porque tú, viviendo entre las estrellas no puedes verme.
¡Todo el maldito momento en este lugar!
¡Yo quiero correr! ¡jugar! ¡ser feliz y disfrutar lo que se me permita!
Es demasiado. Estoy sucio...feo y viejo...maltratado y con heridas...
Caigo.
¿Así he de terminar? Escucho pasos, murmullos...
¿Que? ¿ Por qué me miran? ¡Como si en serio les sorprendiera!
¡Aquí estoy! ¡Vengan! ¡Así! ¡Vengan y acaben conmigo de una vez!
¡Si fácil fue con mis sueños, mi juventud; entonces deshacerte de este caballo insignificante es pan comido!
¡Muy bien! ¡Terminen con lo que empezaron!
Terminen...con lo que empezaron...
Estoy muriendo.
Los humanos arrojaron el cuerpo de un caballo a la basura.
Fueron en busca de su reemplazo.
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El caballo, inmóvil, miraba el cielo con los ojitos nublados de pena, de lágrimas: ¡Así moriría! ¡Solito y sin disfrutar la vida!
Así...el silencio, el fúnebre silencio apareció. Él sólo recordaba su vida, cómo se sentía el correr, el sonreír...Y ¡Plaf! Surgen imágenes del molino, los quejidos que soltaba allá, cuando extrañaba a su madre y a su yegua.
Qué patético se creía...
-Bellísimo se siente la vida...
mas...divino a tu lado...amada...mía...
Qué versos tan ciertos eran para el caballo. Movió un poco la cola y, se dio cuenta que poco a poco perdía el control de su cuerpo...Cómo se le escapaba la vida...
¡Oh pero cuánto lloraba! ¡Cuánto sufrimiento soportaba el animalito! Tan débil...tan nada...y a pesar de todo podía sentir tanto tanto... Su corazón hablaba, agonizando gritaba sus últimas palabras.
¡Talvez así Dios lo escuche! ¡Talvez así ella aparezca!
Mas nada...
Nada sucedía.
Rendido, dejó caer su cabeza entre la porquería.
-Dulce...se...
¿Qué? ¿Acaso está en el cielo?
-percibe la muerte....
¿No estará soñando, alucinando?
-siempre y cuando...te recuerde...
¡Su voz suena tan real! ¡Es tan bello que el caballo podría jurar: Vuelve a vivir!
Abrió los ojos y la vio.
¡Ella estaba ahí! ¡Su ángel se encontraba al frente suyo!
Como la primera vez, sólo se miraron...Y no sintieron vergüenza al llorar. Ellos querían hablar, querían acercarse y besarse, sentirse. Pero los dos estaban acabados.
Sus cuerpos no daban para más. Si estaban vivos en ese instante, era un suceso que los humanos llaman milagro. Se podía ver en ellos un inmenso amor.
¡Un profundo amor! ¡Y tenían unas tremendas ganas de terminar el poemita, yo misma puedo jurarlo!
Las palabras no querían salir. Nada a excepción de amor y lágrimas.
-¡Cantar de Caballos fuertes! ¡Cantar de Caballos fuertes! ¡Cantar de Caballos fuertes...!-Gritó el niño zollozando. Él lo había visto todo: La mirada de ellos, esas lágrimas... No tenía ni idea de por qué no podía dejar de gritar esa frase. Su corazón, a punto de explotar, parecía haber perdido el juicio.
-¡Cantar de Caballos fuertes, por Dios! ¡Cantar de Caballos fuertes...!-Su padre, que estaba lejos, vino corriendo hacia él y quiso calmarlo.
-¡Cantar de Caballos fuertes! ¡Es...! ¡Es...! ¡Es el Cantar de Caballos fuertes!-El señor lo sujetó ya, algo asustado por su hijo.
-¡Cantar de Caballos fuertes!-Miraba al cielo- ¡Cantar de Caballos fuertes!-El niño logró zafarse e inmediatamente se postró ante los cuerpos inertes de los caballos.
-¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Perdónenme por favor! ¡Perdónennos! ¡Si tan solo...! ¡Si tan solo...! ¡Oh por Dios pero qué hemos hecho! ¡¿Qué hemos hecho papá?!-
-Calla niño, son sólo animales estúpidos. Deja de lloriquear, vámonos; nos espera mamá con el almuerzo.
-¡No papá! ¡Deja de tratarlos así! ¡¿Acaso no lo has visto?! ¡Papá yo también me estoy muriendo! ¡Me-me-me estoy muriendo de dolor por ellos!-
El señor escupió a un costado y se dirigió a su casa, dejando al niño solo; loco de tristeza, de impotencia.
El niño no quiso irse de ese lugar.
A la mañana siguiente, por razones desconocidas, murió.
Ahora quien llevaba dolor eran sus padres. Quién sabe si esto continuará.
Fin
El caballo, inmóvil, miraba el cielo con los ojitos nublados de pena, de lágrimas: ¡Así moriría! ¡Solito y sin disfrutar la vida!
Así...el silencio, el fúnebre silencio apareció. Él sólo recordaba su vida, cómo se sentía el correr, el sonreír...Y ¡Plaf! Surgen imágenes del molino, los quejidos que soltaba allá, cuando extrañaba a su madre y a su yegua.
Qué patético se creía...
-Bellísimo se siente la vida...
mas...divino a tu lado...amada...mía...
Qué versos tan ciertos eran para el caballo. Movió un poco la cola y, se dio cuenta que poco a poco perdía el control de su cuerpo...Cómo se le escapaba la vida...
¡Oh pero cuánto lloraba! ¡Cuánto sufrimiento soportaba el animalito! Tan débil...tan nada...y a pesar de todo podía sentir tanto tanto... Su corazón hablaba, agonizando gritaba sus últimas palabras.
¡Talvez así Dios lo escuche! ¡Talvez así ella aparezca!
Mas nada...
Nada sucedía.
Rendido, dejó caer su cabeza entre la porquería.
-Dulce...se...
¿Qué? ¿Acaso está en el cielo?
-percibe la muerte....
¿No estará soñando, alucinando?
-siempre y cuando...te recuerde...
¡Su voz suena tan real! ¡Es tan bello que el caballo podría jurar: Vuelve a vivir!
Abrió los ojos y la vio.
¡Ella estaba ahí! ¡Su ángel se encontraba al frente suyo!
Como la primera vez, sólo se miraron...Y no sintieron vergüenza al llorar. Ellos querían hablar, querían acercarse y besarse, sentirse. Pero los dos estaban acabados.
Sus cuerpos no daban para más. Si estaban vivos en ese instante, era un suceso que los humanos llaman milagro. Se podía ver en ellos un inmenso amor.
¡Un profundo amor! ¡Y tenían unas tremendas ganas de terminar el poemita, yo misma puedo jurarlo!
Las palabras no querían salir. Nada a excepción de amor y lágrimas.
-¡Cantar de Caballos fuertes! ¡Cantar de Caballos fuertes! ¡Cantar de Caballos fuertes...!-Gritó el niño zollozando. Él lo había visto todo: La mirada de ellos, esas lágrimas... No tenía ni idea de por qué no podía dejar de gritar esa frase. Su corazón, a punto de explotar, parecía haber perdido el juicio.
-¡Cantar de Caballos fuertes, por Dios! ¡Cantar de Caballos fuertes...!-Su padre, que estaba lejos, vino corriendo hacia él y quiso calmarlo.
-¡Cantar de Caballos fuertes! ¡Es...! ¡Es...! ¡Es el Cantar de Caballos fuertes!-El señor lo sujetó ya, algo asustado por su hijo.
-¡Cantar de Caballos fuertes!-Miraba al cielo- ¡Cantar de Caballos fuertes!-El niño logró zafarse e inmediatamente se postró ante los cuerpos inertes de los caballos.
-¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Perdónenme por favor! ¡Perdónennos! ¡Si tan solo...! ¡Si tan solo...! ¡Oh por Dios pero qué hemos hecho! ¡¿Qué hemos hecho papá?!-
-Calla niño, son sólo animales estúpidos. Deja de lloriquear, vámonos; nos espera mamá con el almuerzo.
-¡No papá! ¡Deja de tratarlos así! ¡¿Acaso no lo has visto?! ¡Papá yo también me estoy muriendo! ¡Me-me-me estoy muriendo de dolor por ellos!-
El señor escupió a un costado y se dirigió a su casa, dejando al niño solo; loco de tristeza, de impotencia.
El niño no quiso irse de ese lugar.
A la mañana siguiente, por razones desconocidas, murió.
Ahora quien llevaba dolor eran sus padres. Quién sabe si esto continuará.
Fin
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