domingo, 23 de septiembre de 2012

12 PERROS/CAPÍTULO 1: Nosotros la manada (I)



12 PERROS

Ladridos…meneos de cola… todos soldados en un simple y común recuerdo.

Y la mente humana poco a poco se vuelve débil. Pasan los años y vas olvidando.

Por eso. Esto debe ser escrito. Mis perros… fueron especiales para mí. Ellos lo eran todo…y ahora son nada.

Claro que no. Ahora están conmigo para siempre…mientras exista la vida.

¿A quién se lo dedico? A la nada. Al todo…



R

ecuerdo cuando todos éramos felices… Esos tiempos en donde yo era igual de importante que mi hermano Lobo. Nuestro hogar era extenso y hermoso, todo un paraíso. Colinas de arena en donde podías revolcarte; pasto cuidado, suave como las medias que Blacky traía de algún lugar; una piscina, usada exclusivamente por mi hermano y yo (Como somos cruce de Siberiano, es normal para nosotros tomar un baño en pleno verano) y, lo mejor de todo: Libertad. Éramos libres. Era como una simple convivencia con los humanos y nosotros…no éramos mascotas o cosas, claro que no… Como ellos, nosotros también teníamos problemas en la manada, ellos –los humanos- no interferían, respetaban nuestras decisiones… Los amo. Tengo un gran afecto por ellos, por eso los defiendo. Siento que, estamos unidos pero no porque nos obligaron. Sino porque queremos.

Me encantaba descansar en el techo liso de la cocina, mientras Toffee y Kiwi ocupaban la posición de centinelas a mi costado. Teníamos una gran vista: Veíamos la gente de Villa Recreo holgazaneando; la gran pista en donde pasaban carros a toda velocidad; muchas piscinas;  vacas y cerdos siendo alimentados (algunos con basura); pero sobre todo el mar… mis protegidas se subían con gran facilidad al columpio y, dándome la espalda se quedaban viendo al gran sol ocultándose…Si bien no puedo diferenciar los colores, podía ver una gran diferencia entre el día y el atardecer… No sé cómo sería para ellas, pero para mí siempre fue mágico.

El pasado. Creo que es lo más surrealista que he tenido. Ningún perro me creería todo lo que he vivido allá, en el paraíso… ¡Es demasiado perfecto! Demasiado bueno para un perro como yo que está echado en un piso frío, mohoso… Dentro de un baño que ha dejado de usarse, mirando cómo desaparece todo lo que conocía y convertirse en la olvidada arena que le rodea…Estoy muy viejo…no puedo caminar mucho (mi cuerpo es demasiado pesado para mí), mi olfato no me sirve mucho, mis ojos…Si de joven no pudieron salvarme mi ojo izquierdo lleno de nieblas extrañas…bueno, tampoco son necesarias ahora, ¿Para qué quiero ver esta realidad? Para qué, me pregunto…Tengo tantos problemas por los años, me fallan tantas cosas…

Pero todavía siento.

Siento…una gran soledad.

Sé que me quedan pocos años. Me gustaría disfrutarlos con alguien (¿Dónde estarán ellos? ¿Acaso son felices? Yo no…). Mientras espero, dejaré ser ahogado por los recuerdos.

-¡Rayo!-Alguien me llama… ¿Quién puede ser? ¡¿Acaso mi dueña?! ¿Se habrá tomado la molestia de dejar de lado por un momento su vida ocupada para visitar a este viejo que apenas puede menear la cola?

-¡Oh, mi Rayo! hijo… estás tan viejo-Intento levantar mi cuerpo pero es inútil. Hago esfuerzo para verle…No dueña mía, no quiero comida ni agua, ¡Quiero compañía! Lamo con desesperación sus limpias manos, no sé qué pensará ella pero a mí me sabe a amor, a una amistad antigua.

No, no es ella. Es una de mis protegidas…No es mi dueña. Ya…qué importa, estoy tan solo que cualquier caricia me hará el perro más feliz. Mi dueña… Que ingenuo soy, pensar que ella vendría a verme… Si en el paraíso apenas me visitaba; aquí…en el infierno… menos.

Miro a Toffee: Está emocionadísima. Es joven, inteligente, valiente y muy cariñosa… Una de los mejores miembros que nuestra manada ha podido tener, sin duda. De hecho, es la líder de la manada…Bueno, era…manada…aquí dejó de existir la unión.

¿Llueve? No…Son las lágrimas de esta pequeña. Me mira con dolor, pero me sonríe, como si quisiese que con eso me diese un poco de paz… No deja de acariciarme. Yo tampoco dejaré de amarla. Aun cuando se vaya y me esté mirando ahí, dentro del carro; cuando la pierda de vista, aun así, no dejaré de pensar en ella. Aquí, en este deprimente lugar, los recuerdos son lo único que te da, por lo menos…un mísero rayo de alegría a tu poca vida.

Nuestra manada…más adelante, cuando Sarco fue exiliado, estuvo conformado por dos grupos: Los con pelo y los sin pelos, es decir, los perros peruanos (‘calatos’, como eran llamados por el humano mayor). Dentro de los con pelo estaba Lobo, Manchita, Blacky, Toffee y yo. Los sin pelo eran Kiwi, Cris y Tobi. Habían otros, pero que no pertenecían a la manada, ésos eran perros de casa, vivían en la planta más alta, cerca de las colinas de arena. Yo los conocí: eran Bello, Simba, Sadina y Chely.

Esos eran los que se mantuvieron…o intentaron. Hubo otros más, como Bovicho, Lobito, Tara, Brack, Four, Dulce, el ya mencionado Sarco, Esmeralda, Sistema, Tiger, Rino…Esos fueron los que llegaron a ser adultos y mantenerse hasta cierto tiempo… Los pequeños… Muchos murieron, algunos que recuerdo son Kira, Negrito, el hermano de Sadina y uno muy curioso, Rex (Ése era faldero de la casa que tenía al frente el columpio, ahí vivía una protegida mía). Ah…los más recientes…Kuro y Shiro…

Sistema era mi madre. Cuando yo era cachorro, mi madre estaba esperando una camada; como era normal, excavó e hizo su propia cueva en donde pensaba dar a luz. Lo que no contábamos era que el humano mayor había regado el lugar…Mi madre entró a la cueva. Ésta se derrumbó. No la volví a ver.

Mi dueña, ya joven, como Toffee diría yo, me nombró Rayo. Mis dos patas traseras son blancas, simulando botitas. Mi cola es como la de un zorro, la punta es blanca (Igual que la de Lobo), en mi garganta, tengo una mancha en forma de un rayo, uno blanco. También en mi cabeza. Lo demás es negro. Lobo es de café empolvado con ojos acaramelados, mi ojo izquierdo es azul. Un azul extraño, con esas nieblas que tengo hasta ahora…Parece como si fuese el mismo universo en ese ojo mío.

Luego de unos meses, los humanos celebraron y mi dueña se fue. Algunas veces nos visitaba, pero no era lo mismo.

-Ay Rayito…eres fuerte…-Me abrazó. No le importó que su ropa se llene de mi pelo. Siempre creo que es un adiós, pero a pesar de eso…no dejo de pensar que algún día regresará. La llaman. Tiene que irse.

Me mira por última vez…no llores, no quiero recordarte de esta forma…sonríe para mí, ¿No ves que ya mucho sufrimiento me rodea? Regálame eso, siquiera… Se va corriendo muy triste. Lo huelo, lo siento. Quien la crió la consuela dentro del carro. Es hora de irse.

Tú seguirás con tu vida y yo esperaré mi muerte. No es triste. Yo no tengo miedo a morir, es parte de la vida. Lo que es triste…es este olvido…Esto que me causa pena, eso es lo que no quiero. Morir… es algo que en algún momento te tocará y no puedes ni debes pararlo. Que todavía tienes cosas que hacer…Yo creo que, esos cachorros que murieron ahogados no tuvieron ni tiempo para abrir los ojos. Ellos también tenían cosas que hacer; sin embargo no conocieron el mundo ni la cara de su madre. A lo que he llegado es lejos, muy lejos. Yo ya no tengo metas, yo sólo tengo deseos y cosas que quiero. Pero depende de otros que se cumplan…yo ya no tengo que ver, sólo vivir y darle tiempo. Estoy listo para irme.

Aunque me gustaría volver a vivir uno de esos días pasados.

Bello y Simba son mis hijos y los de Lobo. Su madre fue Tara, una bóxer pura, delgada, amorosa y blanca. Al ser de raza, la pobre murió hace mucho…no encontraron los humanos su cuerpo. En sus últimos años ella tenía en su columna, algo que le sobresalía, los humanos lo llamaban ‘tumor’, pero de esas cosas yo no sé, Sólo nos decía que le dolía cuando se lo tocaban. Tenía problemas para caminar ya que sus piernas le temblaban. Y Kiwi, muy jovencito, quería montarla. Yo supongo que por eso y por otras cosas que más adelante él haría sería odiado por algunos humanos.

Bello le pertenecía a mi protegida primera; Simba a su hermana. Se los llevaron apenas dejaron de tomar leche. Cuando los volví a ver estaban grandes, más grandes que yo. Bello se parecía a mí y Simba a Lobo. En el carácter también, sólo que Simba era juguetón. Lobo en cambio…mi hermano siempre fue serio, perro valiente y de gran presencia… Se iba cada vez que había alguna perra en celo (A veces yo) y regresaba con heridas, las cuales eran curadas por los humanos. Él era el cabecilla, el líder. Todos lo respetábamos a excepción de dos perros. El primero fue Sarco, un doberman que gruñía a mis protegidas. Lobo decidió desterrarlo. Así lo hicimos. Todos en manada, lo perseguimos e hicimos que se quedase fuera de nuestro territorio. Sobre qué fue de él no lo sé, pero el que haya tenido malas intenciones con ellas u otro humano que convivía con nosotros era signo de peligro, de traición y maldad. El otro era Kiwi, pero de otra forma, un tanto más graciosa. Él quería ser el líder, era la mano derecha de Toffee y ella la de Lobo. Aunque ladrase o provoque a Lobo, la manada no estaba dispuesta a dejarse mandar por este sin pelo. Él podía hacer lo que quisiera, decir que es el jefe u ordenar algo, pero nadie reconocía su cargo.

Un día de esos en el que Lobo se fue detrás de una perra, no regresó. Los humanos estaban preocupados por su mantenida ausencia. Según lo que oí de mis vecinos, vieron a mi hermano siendo atacado en jauría, quedando tirado en el suelo ensangrentado. También me dijeron que vieron a un humano que miraba la escena. Pero con las características que me dieron no coincidía con mis humanos, sino con alguno que trabajaba para ellos.

Ahí yo le cedí mi cargo a Toffee. Ella tuvo como mano derecha a Manchita, además de siempre estar acompañada por Kiwi-quien se adelantaba como para creer que él era el líder-. Ella logró hacer una conexión con mi protegida primera. La pequeña le enseñó algunas cosas como: ‘rueda’ hacía que ella rodase: ‘sentado’ hacía que Toffee se sentase; ‘vamos, vamos, vamos’ Toffee corría con ella y por tanto, los demás veníamos, ‘para allá’, según la pequeña señalase, Toffee corría hacia esa dirección; ‘izquierda’ ella iba a la izquierda; ‘derecha’ a la derecha; ‘la patita’ daba su pata derecha;  ‘rata’ Según Toffee, decía que cuando alguien lo dijese, había alguna rata cerca; ‘1,2,3,4 ’, entre más rápido lo decía, más rápido debíamos ir, esa fue una excepción mía, yo ya en esos tiempos empezaba a tener problemas para seguir el paso de los jóvenes; ‘shhh’ Teníamos que espantar algo, el humano mayor lo hacía contra las bandadas que tomaban un pequeño receso en nuestro campo. A Toffee y a Kiwi les emocionaba ese trabajo. Ella fue un regalo para la hermana de la protegida primera; supe que ella quería un Golden retriever, pero a cambio recibió a Toffee. Es dorada. Debió crecer más, no obstante, fue pateada por uno de los caballos de los humanos. Esa protuberancia que tenía los humanos la llamaron ‘coagulación de sangre’. Agregaban en su pan alguna cosa especial que supongo yo, debía de comer para curarse. Vomitaba muchas veces. Pero poco a poco reducía de tamaño.  Finalmente se curó por completo. Desde ahí se volvió un tanto asustadiza o insegura. Mis protegidas le daban cariño y atención para que superase el miedo. Y yo creo que lo logró.

Me lame. Toffee intenta consolarme. Yo solo dejo que me lama.

-Es increíble…que sólo quedemos nosotros-Le dije sin mirarla. Ella suspiró y se sentó al lado mío.

-Ellos tomaron una decisión y hay que respetarla, Rayo-Me miró-Si quieres, puedes irte. Yo me quedaré aquí-Me reí. Irme…aunque quisiese, esa opción no era posible para mí.

-Yo ya estoy viejo. Tú eres joven, ¿Por qué desperdicias tu vida en este lugar?- Pregunté. Ella sonrió- Empezamos de cero Rayo… ¿Ves allá al fondo? Es pasto tierno… Mira como Shiro, mi dorado hijo, se revuelca en ella…él es feliz-Era cierto…- Como bien dices tú, yo soy joven…haré que esta tierra, Infierno como la llamas, se vuelva el paraíso-El paraíso…pero eso sólo se puede conseguir con la ayuda de los humanos…solo de nosotros no lo lograríamos.

-Yo creo que no la desperdicio. Lo que pasa es que eres muy tristón y aburrido y pesimista-empezó a morderme, buscando que jugase con ella. Vino Shiro y entre los dos estaban molestándome.

-Y llorón y nostálgico y perezoso-

-Hey-intervine-No soy perezoso- Los dos se rieron y me dijeron en unísono-¡Sí lo eres!- Ay…estos jóvenes de ahora… No es que sea perezoso…sólo que me cuesta más que años pasados hacer cosas tan simples… Toffee y Shiro son agradables, son muy hábiles en hacerme reír. Así que…deseo con todo mi corazón que lo logren.
SUE (CUARTA ENTRADA)

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